Artículo publicado el 17 de enero de 2014 en el diario La Nación de Argentina: Iglesias, un constructor de consensos

En unos pocos meses Enrique V. Iglesias dejará de estar al frente de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB). Don Enrique como le decimos con respeto y cariño quienes trabajamos con él, es un ser excepcional. Él lo atribuye a la edad, pero todos sabemos que ello no se alcanza con juntar años. Su conocimiento de la región es inmenso. Es toda una experiencia compartir un mano a mano suyo con cualquier líder latinoamericano, por la información que muestra de la situación política, económica y social de cada país, su conocimiento de lugares recónditos, hechos históricos que vivió, políticos de los que tiene anécdotas…pero sobre todo por su capacidad para saber lo que la región siente y necesita. Él combina ese conocimiento, con lucidez intelectual y un ritmo de trabajo que aún a los más jóvenes  les cuesta seguirle.

Arriesgaría tres características para definir su persona: su formación en el multilateralismo, su pensamiento político y económico pragmático y realista, y su capacidad de generar consensos; cualidades que se alimentan entre sí para generar una personalidad libre, amplia y universal.

En primer lugar, es un hijo del multilateralismo, en el que cree y al que defiende,  y por ello se indigna cuando se  imponen o discuten reglas que esconden doble rasero. Fue formado por el brillante, pero no menos polémico, Raúl Prebisch, que reclamaba una política de sustitución de importaciones compatible con la promoción de exportaciones no tradicionales para acelerar el desarrollo. En la CEPAL, al frente de la que estuvo entre el ´72 y ´85, dio cauce al pensamiento estructuralista latinoamericano y planteó la importancia de estudiar la problemática económica desde nuestras realidades y no importar doctrinas de los países centrales de modo acrítico, como se haría, en la región, años después. En 1981 fue designado Secretario General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Fuentes de Energía Nuevas y Renovables desarrollada en Nairobi, Kenia. Como Canciller de su país presidió la Ronda Uruguay del GATT, organismo predecesor de la OMC, y después comandó durante casi dos décadas el BID, constituyéndose en el principal aliado financiero de América Latina en los EEUU y, por cierto, en el latinoamericano más importante en Washington.

En segundo lugar, su pensamiento sobre las cuestiones económicas y políticas es amplio, sensato y equilibrado. Teniendo en cuenta las restricciones coyunturales, encuadra los problemas y las propuestas en una perspectiva sistémica y de largo plazo. En el discurso de despedida, que dio ante los Jefes de Estado y de Gobierno de Iberoamérica en Panamá en Octubre dijo que una de las tres cosas que había aprendido en sus largos años de carrera internacional es que el desarrollo económico es algo más complejo de lo que creíamos. El pensamiento dominante pasó de creer que el desarrollo se alcanzaba sólo con una buena planificación desde el Estado a tener fe ciega en el libre mercado. Hoy sabemos que es un fenómeno que depende de una multiplicidad de factores que involucran las políticas públicas, la madurez de las instituciones, la organización internacional de la producción, las finanzas, el comportamiento del sector privado, en particular la inversión en equipos pero, también, el capital humano, la ciencia y la tecnología. Mejores mercados y buenos estados, reclama Don Enrique.

Por último, y es una cualidad que hoy Iberoamérica necesita, Enrique V. Iglesias es un constructor de consensos. Entiende y acepta, de modo sincero, la diversidad de intereses de los países de la región y conoce los procesos históricos, económicos y sociales de cada uno de los países.Recordemos los importantes acuerdos de la  Ronda Uruguay de la que fue Presidente y líder y en la que participaron 123 países. En palabras de la propia OMC, “simplemente, fue la mayor negociación comercial que haya existido jamás y, muy probablemente, la negociación de mayor envergadura, de cualquier género en la historia de la humanidad”. No me corresponde develar secretos, pero me consta que muchos de los responsables de los Ministerios de Economía de América Latina recuerdan su papel conciliador y de equilibrio para posibilitar mejores acuerdos con los organismos financieros internacionales en las crisis económicas de los ‘90 y en los primeros años de este siglo. También es reconocido el tacto con que generó consensos en el Directorio del BID, escuchando a todos y explicando con paciencia las propuestas, teniendo en consideración la compleja situación de los países latinoamericanos. Personalmente he sido  testigo de su capacidad de generar consensos durante ocho Cumbres Iberoamericanas. Estoy convencido de que lo que explica esta capacidad es, además de su formación y pensamiento, su condición de hombre renacentista: conoce de todo, historia, arte, literatura, música y, en particular, ópera.

Podría escribir muchas páginas sobre Don Enrique, pero cerraré mencionando algo que no muchos conocen y muestra su compromiso con la vida. Siendo Secretario Ejecutivo de CEPAL en Santiago de Chile y máxima autoridad del sistema de Naciones Unidas, su actuación para permitir salvar muchas vidas, excedió lo acordado como salvoconducto a los refugiados políticos, poniendo en juego su propia existencia.

 

 

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