Europa trajo un cisne negro, artículo publicado en periódico Perfil, 26 de junio de 2016.

El viernes con Brexit ocurrió un cisne negro, aquel evento de ocurrencia imprevisible que se da y cuyo impacto es difícil de estimar. Por ello es importante poner en perspectiva este acontecimiento y analizar las posibles consecuencias sobre nuestro país, y el mundo. Mirando a la historia y a los posibles escenarios futuros podemos dimensionar el impacto de este hecho.

La excepcionalidad britanica en Europa
UK siempre tuvo un status excepcional en la UE. En primer lugar,siempre fue reticente al proceso de integración europeo. Cuando se crea la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1957, UK no participa. En 1960, impulsa un bloque comercial alternativo, el Acuerdo de Libre Comercio Europeo (ALCE): con Austria, Dinamarca, Noruega, Portugal, Suecia y Suiza, del cual se sale en 1973 para ingresar a la CEE. En segundo lugar, UK es distinta porque hasta el día de hoy tiene acceso al mercado ampliado de bienes y servicios en iguales condiciones que el resto de los socios, manteniendo excepciones en areas fundamentales. Cuando a finales de los ’90, la Union Europea da el salto a la moneda común, los británicos consiguen una excepción a la última etapa del proceso regulada por el Tratado de Maastricht, que preveía la sustitución de las monedas nacionales por el Euro. UK mantuvo la libra esterlina y el manejo del tipo de cambio,.que les permitió ir ajustando la paridad de acuerdo a la evolución de su sector externo y el nivel de actividad económica. Al preservar su moneda, los británicos también quedaron exceptuados de las condicionalidades de Maastricht relativas a la zona euro: una deuda pública no superior al 60% del PIB, un déficit fiscal de hasta el 3% del PIB y los limites impuestos a la inflación y tasa de interés.
UK tenía un arreglo institucional que le permitió mantener una pata dentro de la UE y otra afuera que, visto por los críticos de la implantación de la moneda común, era lo mejor posible.
Además, UK, junto con Irlanda, no firmó Schengen, que implicó para la UE la supresión de los controles fronterizos y un visado común a partir de 1999. UK también mantuvo excepciones a las políticas de asilo e inmigración comunitarias. Este status distintivo respecto a los acuerdos de la UE le permitieron, por ejemplo, preservar una mayor soberanía, que los otros países miembros de la UE, en la administración del ingreso de refugiados en la mayor crisis migratoria europea desde la Segunda Guerra Mundial.

Dimensionando los impactos. El hecho de que sea el país con el acuerdo más flexible dentro de la union dónde se produzca esta ruptura (Brexit), sorprende. Pero, por este mismo motivo, su salida no debería tener un impacto tan profundo como el que tendría la de cualquier otro miembro, porque nunca en su historia estuvo “completamente” adentro de la UE. El mensaje de las autoridades europeas para reducir el efecto sobre los mercados se podría sintetizar en un slogan: “se fueron los que nunca estuvieron”.
Las consecuencias de Brexit tampoco pueden ser comparable con el de la amenaza de Grexit; la salida de Grecia del euro quebraria un pilar de la unión monetaria: que el euro es un camino de sola ida, poniendo en riesgo la confianza en la moneda única y el mismo proceso de integración. La reintroducción del Dracma con quitas a todos los depósitos del sistema financiero constituiría para Europa un daño perdurable de grandes dimensiones.
El triunfo de Brexit aparece estar envalentonando a los partidarios de salida de la UE en Francia, Holanda, Austria, Italia. La brecha entre Norte acreedor y Sur deudor, el bajo crecimiento, el alto desempleo y la crisis migratoria están generando una crisis de los partidos tradicionales y la aparición de alternativas populistas como las que sostienen Brexit. Brexit pone de manifiesto que la UE, tal como está, no logra ser mas el proyecto que ofrece un futuro a los ciudadanos, y en particular a los jovenes. Quizás Brexit pueda ser el llamado que despierte a Europa de su siesta, y termine siendo el alicate para encarar las reformas necesarias que devuelvan al proyecto Europa parte de la ilusión perdida.
Los que apoyaron Brexit esgrimieron un conjunto de argumentos contradictorios: “proteger la industria domestica”, “ser libres y comerciar con todo el mundo sin las ataduras de Bruselas”. Brexit podrá generar mucho impacto, pero difícilmente ayudara a la industria domestica y menos aún a incrementar el comercio internacional. Hoy el comercio se regula por acuerdos de libre comercio bilaterales y regionales. Salir de la UE implicará para UK no sólo cambios en las condiciones de acceso al mercado europeo ampliado (al que se dirige casi la mitad de sus exportaciones) sino también desprenderse de los doce acuerdos de cooperación y comercio de la UE, y de las negociaciones del TTIP (Trans Atlantic Trade and Investment Partnership) que apuntan a crear la zona de mercado libre mas grande del mundo con normas y standards uniformes. Es difícil que UK logre mantener el acceso al mercado europeo con un simple acuerdo de libre comercio, y es probable que vuelvan a existir aranceles y demás regulaciones entre UK y la UE según el marco de la OMC, a pesar de la mucha interdependencia comercial que existe (Alemania es el principal proveedor de UK, y el 15 % de las importaciones británicas provienen de este pais, y UK es el tercer mercado para las exportaciones germanas -7% del total, apenas detrás del mercado francés -9% y del estadounidense -8,5%). Las primeras declaraciones de los líderes europeos indican que ellos no están en disposición de hacerle fácil “el divorcio” a los británicos, permitiéndole un arreglo de este tipo.
Se abre un período de incertidumbre en la relación de UK con Europa plagada de interrogantes. Ayer, por ejemplo, empezó la recolección de firmas para pedir al Parlamento europeo un segundo referendum juntando 2 millones de firmas en unas pocas horas.
El escenario más probable es que, luego de la turbulencia inicial sobre las bolsas, se restablezcan condiciones de mayor normalidad en los mercados, a partir del cortafuegos del BCE, la Reserva Federal y demás bancos centrales, y que se disipe el shock de la noticia. Este escenario descuenta que se frena la descomposición europea. Sin embargo, es probable que UK enfrente una recesión, generando también dificultades para el crecimiento de la eurozona.
Sin dudas, no son buenas noticias para un mundo con ya serios problemas de crecimiento y tampoco, lo son para América Latina y la Argentina. Tal vez, la salida de UK, implique algún retardo para el Acuerdo Mercosur-UE, porque esta última estará ocupada atendiendo estos problemas y, además, perderá un socio que empujaba esta tarea. Sin embargo, no habrá disrupción en los flujos de comercio, inversión y financiamiento a nivel mundial como la que hubiera generado la ruptura del euro por una salida de Grecia.

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