Entrevista realizada por Dolores Olveira, para el portal IProfesional, el 6 de diciembre de 2020.

El economista Federico Poli, exdirector argentino en el BID, consideró que la persistencia de la dolarización de las carteras y la brecha cambiaria, a pesar de todas las señales que está emitiendo el Gobierno, demuestran desconfianza del mercado.

El siguiente es un resumen del diálogo con iProfesional:

-Respecto de la política cambiaria, ¿cómo ve el desdoblamiento de hecho y la brecha del dólar?

-El Gobierno hizo un giro hacia un mayor ordenamiento fiscal, subió las tasas en pesos y dolarizó una mayor parte de la deuda, en contra del discurso oficial, pero todas esas señales no tuvieron éxito para bajar significativamente la brecha, el dólar paralelo sigue siendo casi el doble del oficial, ni para evitar que el Banco Central dejara de perder reservas. La dolarización de las carteras y la brecha siguen demostrando desconfianza.

-¿Habrá puntos irrenunciables para el FMI en la negociación por la deuda?

-El acuerdo con el Fondo va a tener que ver con la posibilidad del Gobierno de mostrar un programa que sea consistente y convergente, y que vaya quitando los controles en el mercado cambiario como consecuencia de la normalización de la economía. No de golpe, sino como un sendero para llegar a la unificación del tipo de cambio en el mediano plazo. Lo otro importante para el FMI es la visión de Argentina respecto del sector privado.

-¿Cómo se ve desde el exterior la actitud de Argentina hacia la propiedad privada?

– Hubo algunas intervenciones del Gobierno que no ayudan a generar un marco propicio para la inversión y la seguridad jurídica. Se perciben cambios de reglas de juego repentinos que conspiran contra el proceso inversor, no solo en el sector en el que se producen sino también, como reflejo, en el resto de la economía. El caso del DNU sobre provisión de Internet que la declara servicio público es un ejemplo de cambio abrupto y poco claro en las reglas del negocio en un sector clave para el desarrollo y la competitividad en un mundo digitalizado. Hay incertidumbre porque, a tres meses de la emisión del DNU, aún no se ha reglamentado. El caso fallido de expropiación de Vicentin fue desconcertante porque se trata de una empresa privada de un sector muy simbólico cuando había un concurso de acreedores en marcha y mecanismos voluntarios y sujetos a derecho a disposición. El Gobierno, por la historia, debería sobreactuar lo contrario. El impuesto a las grandes fortunas, como fue planteado, de modo ideológico y castigando a las inversiones productivas que están declaradas dentro de los patrimonios personales, conspiran contra la inversión.El DNU sobre Internet afectó la confianza de toda la economíaEl DNU sobre Internet afectó la confianza de toda la economía

Posicionamiento global

-El presidente de Estados Unidos habló 35 minutos con Alberto Fernández hace pocos días y luego hicieron saber que a Biden le interesa Argentina para “ordenar a Latinoamérica”. ¿A pesar de todos sus problemas el país tiene un rol que cumplir en la región?

-El Mercosur y la asociación Argentina–Brasil va más allá de lo económico y es lo que nos puede dar un peso relativo en el concierto internacional. Pero para jugar cualquier rol, Argentina debe ordenarse internamente. Con este desorden macro, la falta de inversión y el nivel de pobreza e indigencia, no está para jugar ningún rol internacional.

-Angela Merkel también dijo que Argentina es un socio muy importante pero pidió una señal pro mercado. ¿Cuál es esa señal que esperan en el exterior?

-El problema de Argentina es que, especialmente los últimos 10 años, viene cayendo. La economía argentina es un aparato que dejó de funcionar, más allá del déficit o de los problemas coyunturales con el tipo de cambio. Es necesario un cambio de fondo para que vengan inversiones; resetear la estructura institucional y de regulaciones. En esto hay consenso entre los economistas lógicos de una y otra vertiente.Merkel dijo que Argentina es un socio importanteMerkel dijo que Argentina es un socio importante

-¿Cuáles serían esos cambios de fondo?

-Rever la estructura del gasto público y de los ingresos públicos; actualizar las leyes laborales y simplificar las regulaciones que afectan a las inversiones, y replantear las relaciones de Argentina con el mundo. El tema de la seguridad jurídica es central. Hay un clima de fin de ciclo. Y cuando mirás los números es apabullante, por eso es algo más estructural que atender la coyuntura con un acuerdo con el Fondo.

-¿Podría traer beneficios concretos a Argentina esa visión geopolítica de los líderes mundiales sobre el país?

-Relacionarse con el mundo es un capital importante. El mes que pasó pareció haber un cambio en la política exterior del Gobierno. El Presidente en un mismo día habló con Biden, de los EE.UU., y con Bolsonaro, de Brasil, con quien pasó todo el primer año de su gestión sin comunicarse en un hecho inédito entre los dos países. Y según fuentes oficiales en esas conversaciones hubo buena sintonía. Se suma a un cambio en la posición acerca del acuerdo Mercosur – Unión Europea, argumentando que Argentina no puede quedarse sola. Si este cambio significa que el Gobierno deja atrás una política basada en afinidades ideológicas y empieza a aplicar un criterio más pragmático, con una visión estratégica, será una buena noticia.

Posicionamiento global

-Argentina está endeudada con China y tiene muchos acuerdos con ese país, ¿cómo puede hacer para jugar a dos puntos en medio de la guerra comercial del gigante asiático con los EE.UU.?

-En esta nueva guerra fría, el riesgo para un país de América del Sur como la Argentina, es que no están diferenciadas las zonas de influencia globales de los contendientes. Esto exige mucho más de la diplomacia para mantener el equilibrio. La inversión externa directa más importante es la norteamericana y europea, pero China es el principal comprador de nuestras materias primas. Para muchos países de Latinoamérica sin acceso al Fondo, China se convirtió además financiero de última instancia; Argentina recibió un importante swap. Y la voluntad de China de cooperación con el país es creciente. Entonces es un equilibro que hay que manejar entendiendo que desde lo económico tenemos relaciones importantes con ambas potencias. Pero nuestros valores nos remiten más al eje EE.UU. – Unión Europea, y en las relaciones internacionales los valores son importantes.

-¿Hay posibilidades de que el país reciba ayuda clave para salir del rol de proveedor de commodities a nivel global?

-Este es uno de los principales problemas por el que el motor de Argentina dejó de funcionar; nuestra balanza comercial todavía depende de las lluvias. El gran desafío es la diversificación de la matriz productiva. Para esto es importante una mayor integración regional, empezando por trabajar para seguir potenciando el Mercosur. El acuerdo del bloque con la Unión Europea puede ser un dinamizador del sector privado. Y el último punto es estar muy atentos a algo que se aceleró con la pandemia, que es el acortamiento de las cadenas de valor. Desde las multinacionales norteamericanas están buscando centros de aprovisionamiento más cercanos, por lo que tienden a abandonar China y buscar en Latinoamérica. Ahí Argentina tendrá espacio para el escalamiento productivo y de manufacturas. Además, el país debería estar atento a jugar un rol en las industrias del futuro como energías renovables y ciencias de la vida, como salud y biotecnología, donde tiene un capital científico de renombre que no puede quedar desaprovechado.

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